Mi papel fue acompañarla desde el primer momento: estudiar la viabilidad del cambio de uso, entender cómo vivía y qué necesitaba para sentirse en casa. Juntas reorganizamos recorridos, abrimos visuales y diseñamos una cocina que diera vida al espacio, porque para ella era un punto clave.
El resultado es una vivienda que responde a su forma de vivir y que demuestra el potencial real de un espacio que, a priori, parecía limitado.