Cuando encontré este ático, no estaba buscando un proyecto. Estaba buscando un hogar. La chica de la inmobiliaria me dijo algo que nunca olvidaré: “Ha tenido muchas visitas, pero nadie quiere comprarlo. Nadie le ve el potencial.” Y era cierto. Espacios muy compartimentados, pasillos interminables… Pero aun así, algo me hizo quedarme allí pensando: “Yo sí se lo veo.”
No tenía certezas, solo intuición. Y aun así, empecé a imaginar cómo podía transformarse. Ese proceso —analizar, decidir, equivocarme, volver a probar— me enseñó algo que hoy es la base de doPPia: la arquitectura no va de perfección, va de encontrar soluciones reales dentro de lo que hay.